
Luz y penumbra: rostros opuestos en los cuentos de Guebely
Reseña a Cuentos del día y la noche
Por Marcos Fabián Herrera
Escritor colombiano
Siempre nos estamos preguntado si las situaciones de la vida cotidiana, imprevistas la mayoría y planeadas algunas de ellas, son hechos iluminadores para nuestros propósitos existenciales o penurias que nos alejan de lo que hemos convenido en llamar felicidad. Si las primeras son abundantes, solemos creer que nuestra vida se orienta por un sendero de gratificación y goce; si las segundas nos avasallan, la contrariedad se sobrepone y toma el control para facilitar la revelación fatídica y adversa de cada acto. Pocas veces tomamos consciencia que la vida, tal como lo creyera Santa Teresa de Jesús, es un mal sin remedio. La sucesión de adversidades y glorias constituye, en su dispar atropellamiento, la fascinación por esa caja de enigmas y arcanos que es el porvenir.
Jorge Elías Guebely en su faceta de narrador logra ese tono aleccionador y reflexivo que solo encontramos en los escritores canónicos. Si Guy de Maupassant examina la descomposición moral de su época, y Alejandro Dumas disecciona los comportamientos de quienes aupados por el poder se obsesionan con la acumulación de este, los cuentos que integran el libro Del día y la noche enseñan esa coexistencia convulsa de antípodas en todo ser humano. De la vida monástica al adulterio, de la epifanía a la decepción, de los entramados de la gran literatura a las trapisondas más aberrantes y pedestres de la condición humana, los seres imaginados por Guebely, no esconden sus miserias ni se niegan a los tránsitos abruptos de quienes evitan el mundo para jamás arrepentirse.
Este desenfreno vital no es fácil aprehenderlo desde la literatura. Detrás cada una de estas ficciones se acumula una serie de disquisiciones sobre la condición humana. Cada vivencia es relatada dentro de un cosmos sicológico en el que todo resulta creíble pero no predecible, concatenado, pero no previsto. Si Estela, la esposa protagonista de Los Tiempos del Dinero, según esta voz omnisciente que no pierde detalles, reactualiza su belleza y retoma su conciencia por azar, lo hace para confrontar el desdén de su cónyuge con las trampas de la corporalidad. Esta conducta deriva de su enfermiza sujeción a los entramados de las obsesiones y las intrigas. Ella, vive sometida a los espejismos de su mundo de frivolidad.
En el cuento La voz del silencio, se cumple la aspiración borgiana de entreverar la vida con la literatura. La lectura de El Perseguidor, el antológico relato de Cortázar permea los instantes de un nostálgico estudiante de literatura en París. De forma anticipatoria prefigura un encuentro con el cronopio mayor en el metro. Maya, la amiga cuyo desamparo se hace perturbador, no es más que “un velo entre la realidad y la ilusión”. Como la lúdica que aflora en cada página de Rayuela, aquí el azar dibuja el futuro a su antojo. Destino y albur se confunden y componen una cadena de episodios con apariencia de impredecibles pero maquinados por los mecanismos de la creación fortuita.
Si se desea confirmar que nuestro viaje terrenal es una alternación de visitas al infierno, al cielo y al purgatorio, nadie debe resistirse a la lectura de este libro. Para refrendar el axioma sempiterno del arte, aquí la literatura es superior a la vida.