
* Por María Villegas
Periodista
La editorial española Menoscuarto acaba de publicar el nuevo libro de la escritora argentina Reina Roffé, Vivir entre extraños. Relatos de soledad y desarraigo. Por ese motivo, dialogamos con ella en una conversación a fondo para descubrir los secretos y aciertos de la escritura de una narradora que se arriesga y apuesta alto con cada publicación.
-¿Cómo surgió el título de tu último libro de relatos que acabas de publicar en España? ¿Consideras que vives entre extraños?
-Viene de una frase que aparece hacia el final de un cuento que está en mi libro anterior y se titula Aves exóticas. Cinco cuentos con mujeres raras. En ese cuento se dice que la protagonista no se marcha de su casa familiar, porque considera que es mejor permanecer entre los suyos que con desconocidos. La voz narrativa -está escrito en tercera persona- señala que una mujer afincada en su mundo particular es una extraña para todos en todas partes. Esta vez me interesó indagar qué tipos de actitudes y sentimientos genera vivir en un lugar que no es el propio.
En cuanto a lo demás, si considero que vivo entre extraños, te aclaro que llevo casi 40 años en Madrid, donde me siento cómoda y agradecida con mucha gente que me crucé en el camino. Además, sucede, sobre todo con el tiempo, que lo extraño se vuelve familiar y lo familiar extraño. Ahora podría decir que me siento más en casa en Madrid que en Buenos Aires. Han transcurrido cuatro décadas, yo soy otra persona y Argentina también es otro país, nada que ver con el lugar donde me eduqué y viví mis primeras experiencias.
-¿Por qué has puesto en el subtítulo “relatos” y no “cuentos”?
- En el libro anterior puse de subtítulo Cinco cuentos con mujeres raras. En éste, relatos de soledad y desarraigo. Quería mostrar una continuidad, una línea de trabajo. Hoy en día, la diferencia entre cuento y relato se acortó. El cuento literario debía tener un final cerrado y sorpresivo. El relato, en cambio, es más permisivo, más abierto. Pero mis relatos son cuentos, todos cierran y recogen, hacia el final, los elementos que fui presentando, nada queda deshilvanado, cumplen con ciertas reglas, pero de forma más elástica, menos estricta. Busco, no sé si lo consigo, que cada cosa de la que hablo se llene de múltiples sentidos cuando el lector termina de leer.
-¿Es un libro autobiográfico, recoge tu experiencia personal, se trata de una autoficción?
-Sí y no. Todo libro es, de alguna manera, autobiográfico, tiene la mirada personal del autor sobre los temas que aborda, su visión del mundo. pero la escritura es una mediación, cuando uno traslada al papel una historia que considera nacida de su experiencia, necesita recrearla, en ese proceso de recreación, ficcionaliza la realidad, porque la realidad desnuda puede ser muy chata, muy insulsa, a veces carecer de la tensión y la intensidad necesarias. Entonces, inventamos, dramatizamos, añadimos o eliminamos aquello que no nos viene bien para lograr un relato eficaz y atractivo. Por tanto, ya no es exactamente autobiográfico. En las llamadas escrituras del yo (memorias, diarios, etc.), donde se establece un pacto tácito de verdad con el lector, también funciona ese indispensable elemento que es la ficción. Cuando escribimos nos recreamos a nosotros mismos.
-Tu cuento “El exilio interior”, ¿es un autorretrato?
-Esa mujer que va a un salón del libro invitada como poeta (no soy poeta) y que no logra llegar al escenario, podría ser yo, una persona tímida y callada en sociedad, que le cuesta comunicarse con los otros bajo ciertas circunstancias. Pero a mí nunca me pasó eso. Siempre que fui invitada a un salón del libro, a un congreso, me desenvolví bien, con cierta soltura, hice mi trabajo. Ahora bien, sí está la zozobra interna que siento en algunos sitios, mi deseo de desaparecer, de volverme invisible, sobre todo en esos lugares estereotipados donde cada uno asiste a un gran paripé de nombres, palabras grandilocuentes, donde lo cultural se vuelve negocio, intercambio de favores, etc. Ahí sí me siento sola y por eso la comparación con Dora Maar, una de las mujeres de Picasso, tal vez la más inteligente de todas, con la que podía hablar en castellano (se había criado en la Argentina), que, en un momento determinado, se aparta del mundo de los figurones literarios y artistas plásticos con los que había tratado, ella misma fue una gran fotógrafa y pintora, para recluirse y no volver a aparecer. El autorretrato, en todo caso, es de mi estado interno en esas situaciones determinadas.
-En algunos de estos relatos, me pareció ver elementos del cuento fantástico. ¿Es así?
-Sí, surgen en varios cuentos. Es decir, coqueteo un poco con lo fantástico, aunque los cuentos son de carácter realista. Aparecen en “El atropello”, cuando la protagonista corrige la orientación de unas flores artificiales que tienen vida propia o dan esa impresión; en “Viaje a Salamanca” se presenta, como un fantasma, una monja que desaparece durante la visita de la protagonista a una iglesia, pero vuelve a cobrar cuerpo en una ermita cercana convertida en la Virgen de Caacupé. También en el relato “De madrugada”, hacia el final, se da una simbiosis emocional entre los dos personajes principales. Luego, hay un gran homenaje al cuento fantástico a través de “La puerta condenada” de Julio Cortázar, en “La familia de Ángela”, en el que describo una cena de Navidad. El libro abre con el relato de una familia disfuncional o anómala en la Argentina y hacia el final de éste nos encontramos con otra de ese tenor, pero en España. Cuando digo disfuncional o anómala exagero, en realidad nada en mi libro es tremendo ni tan extraño, aunque algunos personajes o situaciones parezcan brutales. Lo extraño puede estar en lo más cotidiano o aparentemente normal de la realidad. Yo me sitúo en una línea intermedia, pero si uno da un paso hacia cualquier lado de esa línea, ve el abismo. Es decir, no es necesario representar los extremos (la locura, la maldad), basta con dar atisbos, saber crear un clima apropiado donde la sensación es que todo puede desbaratarse en cualquier momento.
-¿Qué se necesita para escribir un buen cuento?
-Ojalá lo supiera. Para mí la anécdota, el argumento, la historia del cuento me da igual, con cualquier historia se puede escribir un gran cuento si sabemos cómo contarla. Cuando a mí se me presenta una historia, aunque sea muy atractiva, me digo: “en realidad no tengo nada”. Cada cuento impone su forma, lo importante es descubrir cuál es la mejor, la más apropiada para eso que quiero contar. Hay dos grandes cuentos que ahora me vienen a la memoria y que la crítica considera los mejores del siglo XX. “El nadador” de John Cheever y “Los muertos” de James Joyce. ¿Qué los hace extraordinarios? ¿La historia de un hombre arruinado económicamente y alcohólico que nada por las piscinas de su barrio o de su urbanización para ir de casa en casa y pedir dinero prestado? ¿O el clima de angustia creciente del protagonista a medida que le van dando la espalda, su ceguera para ver su propia realidad, sus alucinaciones cuando ya todo le ha sido cancelado? Y, por supuesto, la pericia de Cheever para narrar esta historia de imposibilidad y negación. ¿Y qué es lo importante en “Los muertos”, la historia de una fiesta de navidad en casa de unas tías? ¿O la excelencia con la que James Joyce presenta una cantidad ingente de personajes que interactúan durante unas horas, todos cumpliendo una función dentro del relato? Eso y la escena final que se constituye, como le gustaba a Joyce, en una epifanía, en una revelación, en un estallido de sensaciones y sentimientos encontrados. Un cuento logrado guarda entre sus páginas una suerte de secreto para que cada lector, a su manera, pueda ir acechándolo, intuyéndolo. Leer bien -cito de memoria- es ser leído por lo que leemos, decía George Steiner. Si nos pasa eso estamos ante la presencia de un gran cuento.
-En tu libro hay relatos escritos en primera y en tercera persona, si no fuera por eso, ¿podría ser una novela?
-La verdad es que no los pensé como novela. Son relatos independientes, cada uno cuenta una historia distinta. Pero es cierto que, dada su composición, resultó un libro muy unitario, con una atmósfera común. Tienen, digamos, un mismo aliento o la respiración de una escritura que mantiene un tono similar, de intimidad. La protagonista parece trasladarse de un cuento a otro. Por otra parte, lo que también le da unidad es el personaje de Ángela, esa amiga que se cuela en varias historias para proporcionar compañía y apoyo a la protagonista durante sus estados de indefensión.
-¿Cuándo se originó la temática del exilio y la extrañeza, del desarraigo y la soledad en tu obra?
Hace ya muchos años que trabajo con la idea del viaje, del traslado, del silencio, que se ha ido plasmando en distintos libros. Empezó en los ochenta con una novela breve, La rompiente, que recoge las preocupaciones del período (los años setenta y principios de los ochenta del siglo pasado), con la dictadura militar argentina que generó violencia, muertes, exilio. Temática que recorre otros libros míos y reaparece en los relatos de Aves exóticas, cuyas protagonistas son víctimas de exclusión y explotación paterna o laboral. Mujeres que viven como extranjeras en sus propios hogares o en tierras lejanas. Siempre en ambientes enrarecidos por las circunstancias políticas y sociales.
-El humor y la ironía que empleas, ¿representan una forma de romper con la densidad del relato?
-El humor es un componente necesario en la vida y aparece cuando una situación te desborda totalmente y ya no puedes más. La salida es reírse de eso que tanto daño produce. Es una buena vía para salir del abismo. La veta irónica y humorística ayuda a remontar el atolladero o el melodrama en el que a veces nos sumergimos.
-Llama la atención las analogías que empleas hablando de otros cuentos de grandes autores del género y de algunas películas que aparecen dentro de tus relatos. ¿Has reemplazado las descripciones por las asociaciones para crear un clima particular?
-Ese cuento de mi admirada Flannery O´Connor, “Revelaciones”, en “El atropello”, me sirvió para darle substancia a mi relato sin tener que dar demasiadas explicaciones o detallar mucho la situación de la protagonista atropellada y agredida por una joven, que le recuerda a la del cuento de O´Connor. La película “Una jornada particular”, del director Ettore Scola, en “Viaje a Salamanca”, surge como evocación, cuando el personaje se interna en una zona del pueblo Peñaranda de Bracamonte y ve unos cafés o bares con nombre de ciudades italianas. Tus preguntas me hacen pensar que, sin tener plena conciencia de ciertas cosas, en Vivir entre extraños funciona algo curioso: el cuento y el relato cinematográfico dentro del cuento y la novela dentro del libro de cuentos.
-¿Qué representa para ti escribir y qué te impulsa?
-Me impulsa la necesidad de explorar cuestiones que permanecen en mí como interrogantes y creo que escribiendo voy a encontrar el meollo del asunto. No sé si lo encuentro; hallo, eso sí, otros enigmas, otros signos oscuros y me voy enredando en ese viaje de descubrimiento infinito. En algún momento, pensé que escribir representaba para mí poner orden en mi caos interior. Luego, me di cuenta de que una escribe, no tanto para centrarse, sino para salir de la vida cotidiana, a veces gris y anodina, e internarse en otros mundos, rehacernos en ellos, ser uno y los otros.

Reina Roffé. Nació en Buenos Aires, donde estudió Periodismo y Letras y trabajó en diarios, revistas y editoriales. Publicó su primera novela con 21 años, y más tarde escribió otra más, publicada cuando tenía 24 años, Monte de Venus, prohibida por la Dictadura militar argentina. Sus primeros trabajos sobre el escritor mexicano Juan Rufo se publicaron en un precioso libro con ilustraciones de José Guadalupe Posada, “Juan Rulfo: autobiografía armada”, que fue citado en trabajos críticos y ensayos. Ya en España, donde vive desde hace 38 años, escribió para la colección de biografías de autores de Espasa Calpe, Juan Rulfo. Las mañas del zorro. en 2003. Biografía que obtuvo en España dos ediciones más y se reeditó en la Argentina hace poco, en 2023.
En España fue Coordinadora de Promoción de la Biblioteca Quinto Centenario y Coordinadora de Comunicación de Televisión Educativa Iberoamericana, donde dirigió la revista trimestral “Noticias de la Asociación”
Desde 1996 hasta 2006 escribió de forma habitual en la revista Cuadernos Hispanoamericanos y ha sido firma invitada de la sección “Rinconete” del Centro Virtual del Instituto Cervantes. Escribió, para el Centro Virtual, alrededor de cien artículos breves sobre autores de América Latina.
Ha sido ponente en congresos internacionales y ha dado seminarios en distintas universidades.
Su obra incluye cinco novelas, dos libros de relatos y varios de ensayo. Su obra ha sido traducida al alemán, italiano, francés e inglés. El libro Aves exóticas. Cuentos con mujeres raras, publicado en Italia y EE. UU., vio la luz en la editorial parisiense L' Harmattan.en 2023 con el título de Oiseaux exotiques. Six histoires de femmes bizarres.
* María Villegas
Periodista y colaboradora en editoriales independientes (Larfesa, Amtea, R/S ediciones), colaboradora de las revistas Gran Angular y Cinevideo 20, y blogs como Libros, Nocturnidad y Alevosía.