Norberto Barleand (*) es poeta, ensayista, narrador y productor cultural porteño de pura cepa.
Su amor por Buenos Aires se refleja en su obra poética, parte de la cual compartimos, a continuación, con los lectores de la Revista Ómnibus.
Por: Ana Lema Colangelo(*)
ANIVERSARIO
Perseguí los pasos que el destino propuso,
jóvenes astillas de aventuras y versos
con claveles de prisa, con cenizas de seda.
Ahora transito
un espacio con ausencias
que ayer no contemplaba
y valoro el perfume de las rosas en el jarrón de los sueños.
Repaso anécdotas, alegrías, dolores, recreos,
el abrigo de una novia, ventanas y espejos,
el beso que escondí entre el portón y la luna,
ese clamor que respira como el latido de un cuento.
Viví con la sangre encendida y los ojos despiertos,
con una luz de futuro
que aún sostiene las sombras del Tiempo.
SIN DESPEDIDA
Mi padre partió sin despedirse
en madrugada, con el dolor del otoño,
un diez de julio, entre el llanto de mi madre
y su cuerpo extendido en el suelo,
yo estrenaba veinte años
cuando acompañé a Laura luego del baile
con una camisa celeste y el saco azul de mis primeras hojas.
Mi padre partió sin despedirse,
quedó grabado en mí con llamas de cielo
y el sepia de unos años que no han borrado su recuerdo,
la sonrisa amplia,
generosa, los silencios
y reflexiones que guardo en el cofre del tiempo.
“Lucha por ser libre.
Albañil, astronauta, abogado o poeta,
el camino será el mismo:
hacia adelante y sin atajos”
Sigo esas huellas, le diría,
pero mi padre partió sin despedirse
lo atrapó la muerte.
Súbita, irreverente, absurda
en una vida plena de amor y de coraje.
Hoy tan lejos y tan cerca, afirmo:
ha sido hermoso compartir la infancia
la adolescencia primera de un joven presuroso e inquieto,
aventuras dispersas, ágoras perdidas,
el café en las tardes soberanas y nuestras,
Mi padre partió sin despedirse
pasaron casi sesenta años y la bruma del rocío
aún humedece con sed de vida los últimos rincones.
Mi padre partió sin despedirse.
me dejó un sombrero, las corbatas en el cajón,
su ejemplo
y la infinita ternura de sus ojos verdes.
DESPERTAR
A Bertha Bilbao Richter
Si algún día no despertara.
Si la noche se prolongara hasta la eternidad.
¿Cómo sería el tránsito hacia lo desconocido?
El día sin el sol, sin la lluvia y la ventana
el zócalo con el que tropecé en la caída
o el gris de las paredes,
con las luces de esas calles que se perderían en silencio.
Detrás de mí / de mis espaldas habitadas por el pasado
¿dónde andará la mujer de quien me enamoré aquel otoño
ya lejano de mis párpados, y esa llama que encendí en el vacío,
las huellas que intenté en los caminos con nubes y nostalgias?
Y la impotencia, ¿en qué sitio anidará?
Aquello que no pude,
el mundo que no fue. el que soñé en paz y sin violencia.
Si algún día no despertara
dejo la parcela del crepúsculo
que estrechan mis dudas y los miedos.
No seré polvo entre la bruma y la arcilla
ni campana ni espada en el recuerdo.
Aposté a la vida y vida será.
Porque si la noche se prolongara. seguro tendría que despertar.
Ahora recuerdo / dejé escrito en un poema:/
“No tengo tiempo de morir.
RUGIDO DE AUSENCIA
Amanece
y aún es fuego la espesura de la noche.
Amanece
un sol con magia de arlequines.
Invade el ventanal
tu cabellera de sombra transparente.
Está intacto el jarrón sobre la mesa,
posado de calas esparcidas
en el rojo perfume de los cuerpos.
Amanece
un rugido de canarios.
entre la música y el sonido del viento.
La silla se hamaca sin tu ropa,
permanecen el espejo,
la mirada,
el celeste pañuelo
de la niebla.
El reloj marca la hora
en que amanece,
la cómoda
el vidrio
la alcoba
y mucho espacio
para tu ausencia.
CONGOJA
En páramos de olvido,
esta voz de congoja,
nada reclama,
ni siquiera un gemido.
ABISMO II
En el abismo de los días
posan los perfumes que huelen a distancia,
desde la puerta del andén que nunca abriste.
Me ha lastimado la ternura,
provoca agonías en mi cuerpo
con heridas que nunca cicatrizan,
A veces exploro
las lágrimas del cuarto.
el instante de la almohada,
la verbena de los patios indecisos.
No será la primavera,
los rituales
ni el pañuelo tejido
con los poros de la piel.
De tu rostro sospecho la mirada,
la duda en la semilla,
las estatuas.
De tanta soledad
las atalayas del bronce
perforan la intemperie,
De tanta vida.

Fuente: Literatura Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Norberto Barleand es poeta, ensayista, narrador y productor cultural. En su carrera participó en encuentros nacionales e internacionales, publicó libros de poesía, ensayos, cuentos y críticas literarias.
En el 2020, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires (Argentina) lo declaró Personalidad Destacada de la Cultura.

(*) Ana Lema Colangelo©:
Poeta. Escritora. Periodista académica. Italo-argentina.