
Selección de poemas de A la orilla del obscuro Magdalena de Hugh Maorexiu del Río
Poemas
F
A la orilla del obscuro Magdalena
A la orilla del obscuro Magdalena
La ciudad se descubre en el espejo
Reverberan las escamas en los sueños de los hombres
En el barro de la calle el amor de los locos
Chapotea en los umbrales
El fulgor de un arrebol navega en el cemento
Por los andenes agitados bajan tacones lujuriosos
El brillo del puñal flota azaroso en la corriente
Fluye el suburbio y la vida callejera
Las esquinas se revuelven en confusos caracoles
Otro estero se trasluce en el asfalto
Un laberinto ardiente que hiede a tripas de pescado
Una canoa de fantasmas que naufraga en la monotonía
Del anzuelo y la carnada
Otras aguas se reflejan
Otra arena otros cuerpos sin ojos sin bocas
Otros ahogados otro río de tumbas se desborda en el hastío
Con todo entre burdeles pensiones y fachadas comerciales
Un barco de papel leva sus anclas
Narcisa repulsiva la ciudad se revela en el espejo
A la orilla del obscuro Magdalena.
G
Desde mi Calle
Como una procesión de fantasmas
El tumulto de la calle circula ante mi ventana
En este borde de afiladas avenidas ocurre la ciudad
Allí marcha-en su repliegue usual- la multitud
La manía del hollín y el bullicio de los autos
La rutina de brazos que dice levantar el horizonte
El overol que se abochorna del hidrocarburo
Las botas justicieras manchadas por la sangre
Los niños retozones que apedrean a los árboles
Las damas vetustas de parasoles místicos
Los puños tejidos de los errabundos
El monólogo nube del loco
Desde mi calle de facciones embrujadas
Veo el rictus del ladrillo y la rotura del mortero
El éxtasis furtivo de la apócrifa metrópoli.
H
Detrás de los postigos
Detrás de los postigos la ciudad se oculta
Las avenidas pliegan sus frentes desgastadas
Como un ladrillo que se apaga
La calle en la penumbra se bifurca
Los domicilios atrancan el mutismo
Detrás de los postigos la ciudad se refugia
Sueñan los puentes al abrigo de las luces
Las ventanas y el asfalto murmuran igual salmo
El silencio del cemento petrifica los semáforos
Y el grito del hombre ensangrentado
Detrás de los postigos la ciudad se estremece
En la mesa del fuego reverdece el albañil
La tiranía del lujo carcome al opresor
Se desaguan los ríos en los saquillos de los fuertes
Y la espera no derriba la comarca.
I
Ciudad Revólver
Florhelia, ciudad revólver
Donde la vida canta desgarrada en la metralla de la noche
Donde todos los muertos están ebrios de lluvia vieja y sucia
Tengo hastío de ti ciudad bala
Donde el amor se busca entre las callejuelas de la muerte
Donde las aguas de los ríos comulgan en el día con el crimen
Ah babel selvática ciudad cadáver
Pantano de cruces y monedas
Por tus cloacas una serpiente negra devora las luciérnagas
Se traga la luz del horizonte.
J
Popayán
Para llegar a ti
Es preciso ascender
Eslabón a eslabón
La cadena de los Andes
Trepar donde la nube
Acaricia el frailejón
Remontar el aliento
Donde brota el agua dulce
Que recorre la montaña de occidente
Oxigenar el alma con la visión del Puracé
Escalar el abrazo apacible de tu clima
Popayán
Tienes nombre de cruz y de ceniza
De caserío de paja
Tus calles son cordiales
Como el acento de tus hijos
Tus casas parecen detenidas en el tiempo
Con su ilusoria risa siempre blanca
En tu médula
La simiente de Caldas
Habla de tu amistad al fruto
Desde la rancia catacumba
Te miras a los ojos
Belalcázar a lomo de bronce
Aún ultraja tu sangre originaria
Tus estremecimientos
Te agrietaron de plástico y cartón
Tienes la piel de azufre el perfil de la obsidiana
En tus manos arde el fuego de la calma
Volcán silente que pronto estalla
Popayán
Ciudad puritana
Acaso en tus facciones indígenas
Junto al dolor y el hambre
Habita el dios que amas.
K
Declaración de Amor
Me enamoré del sur
De sus montañas azules como senos de diosas
De las piedras luminosas que sonríen junto al río
De la brisa deliciosa de sus atardeceres
y el cielo limpio de sus madrugadas
Me enamoré del Valle de Laboyos
De su luz tornasolada que descubre colores nuevos en las cosas
De los árboles antiguos y sus flores generosas
De las Gaitanas de ojos encendidos y cabelleras nocturnas
que sueñan en las ventanas de sus calles olvidadas
Me enamoré del sur
Del sabor de su café y el olor de la hierba mojada
Del frío cotidiano de sus lluvias afiladas
De las historias que oculta su violencia hipócrita
Me enamoré de ti muchacha
De tus montañas azules de tu brisa deliciosa
De la luz de tus ríos
De tus piedras que cantan
De tus ojos extendidos
y el silencio narcótico de tu ventana.
L
San Agustín: Espejo de Piedra
La poesía de tus rocas
Susurra lo invisible
En la aurora sentado en la maloca
El anciano pronuncia la palabra
La misma que otras manos
Cincelaron en la noche
Tu símbolo fecundo
Erguido en la montaña
Tu espejo de piedra nos revela
Y esculpe en el silencio
Los misterios del asombro
¡Un pájaro de fuego sobrevuela
Los arcanos de los dioses!
**
Ñ
Los poetas
“Los poetas, amor mío, son hombres
horribles, monstruos de soledad;
evítalos siempre, empezando por mí.”
Raúl Gómez Jattín
Los poetas son ángeles enfermos que les duele el alma
En sus alas antiguas se agita el bien y el mal
Transitan las calles de la bruma bajo la lluvia
Habitan los rincones de la sangre en que la vida arde
Son tímidos niños que juegan a entregarse
A dar el corazón en las palabras
Los poetas son tiernos demonios que se conduelen de las sombras
Y buscan afanosos el vocablo de la luz
El ritmo de la noche que sustenta las estrellas
El oculto cristal de la aurora que se precisa para ver
Son ancianos sin tiempo cuyos cantos no mueren
Criaturas enigmáticas que aman el silencio
Y florecen solitarias
Locos lunáticos de albor
Los poetas amor mío son monstruos hermosos
Que fecundan la luna de amaneceres nuevos
Con sus lágrimas puras y sus labios de sal
Encuéntralos siempre empezando por ti.
O
Canción triste
A mi abuela Graciela
Heme aquí junto a tu cruz
Abuela madre mía
Vengo a pedirte que me escuches
Escapa del silencio huye del frío
Záfate para siempre del olvido
Fuga tu corazón igual que un pájaro
Arranca de la tumba tus manos de trigo
Renazcan tus ramas y tus hojas
Tu tronco dulce y fuerte
Desprende tus raíces de la muerte
Señora mía
Vieja mía
Levántate despierta
Necesito tu abrazo esta noche de tormenta.
P
Ventana abierta
A Gustavo Fernando Facundo Silva
In Memoriam
Te imagino cayendo en el abismo
y quisiera saber qué repasaste
qué color viste aquel instante previo
en que tu cuerpo mancha el lienzo del asfalto
Tus ojos tu boca tus manos la pintura en medio de la calle
Tu vida cayendo a través de una ventana
Cuál sería el tamaño de tus manos
esas que vieron matices nuevos de la luz
en tus ventanas
y al parecer te traicionaron
o quizá te fueron devotas al extremo
Qué horizontes descubrías con tu mirada bruja
Cuántas sombras extrañas en tu mundo de sueño
Cuánto silencio hipócrita se acumula en tu sepulcro
Gustavo profeta de las formas
pintor poeta vidente
el piso seis del edificio agrario
aún tiene abierta una ventana.
QÑ
Vigor de las semillas
Ametrallar mi sexo andrógino no detiene el vuelo de las jaulas
La mordaza que sangra mis labios no enmudece mi lengua soberana
El cuchillo que apuñala el horizonte no afila el miedo en mis pisadas
Las balas que taladran mis espejos no interrumpen los remos de mis nubes
El explosivo que calcina el músculo no ataja el latido libertario
Los brazos, las piernas, los cuerpos cercenados se obstinarán en las semillas del vigor
El indígena acribillado, las mujeres ultrajadas, el campesino baleado, los jóvenes pisoteados
Todos revivirán en la Palabra.
RQ
Trébol de cuatro hojas
No hay hadas ni duendes
Los dioses murieron en su ocaso
Esperanza fe amor y riqueza
Se deshoja el sueño de la muerte
No esperar nada es el trébol de la suerte.
TÑ
Utopías
A Luis E Lasso
Somos la estirpe ciega del sietemesino que resiste en la selva
Seguimos atrapados en otra cárcel de grilletes impalpables donde la noche se agazapa
El único destello de luciérnaga camino de la luz es un atajo de gusanos
Nos devora una lujuria de monedas y cadáveres
En esta otra vorágine todos somos el verdugo
Ni siquiera una mentira es Aliciente en este lóbrego desierto
Avanzamos con firmeza hacia el abismo y sin embrago
Sabemos que nuestro destino no es caer
Sino intentar abrir las alas.
PR
Séptimo sello
Al último perro romántico
La infancia detenida en tus palabras es otra forma de lo corruptible
En tu gesto adolescente se arriesga la desmesura de la vida y la muerte
Como una roca líquida te rendiste a Lautremont y alcanzaste su trocha de púas hermosa y terrible
El oficio miserable de escribir te hizo un niño grande de muerte prematura
Cómo nombrar el éxtasis de tus palabras ingentes
El huracán de tu estrella distante
Los ensueños de hachís en tus letras de humo
La certeza de Arturo y Ulises
De vivir sin timón y en el delirio.
**

Hugo Mauricio Fernández Barón o Hugh Maorexiu del Río, Neiva (Huila) Colombia 1979, con formación académica de la Universidad Surcolombiana en comunicación social y periodismo. Editor de proyectos clandestinos y contraculturales. Autor de los libros La iguana Juliana y otras fábulas (Alcaldía de Neiva, 2008; Cómo caer parado y conservar las 7 vidas (poemas, 2020) Editorial Ficticia; y A la orilla del oscuro Magdalena (poemas, 2025) Editorial Ficticia. Coautor del libro de crónicas Relatos de Pitalito, 2018. Fundador y director de El Macizo, Prensa Cultural, y de la Revista de Poesía Azotea, proyectos que han fortalecido la circulación y el reconocimiento de voces literarias emergentes y consolidadas en el sur de Colombia. Ganador del Concurso de Poesía José Eustasio Rivera (2003) y del Concurso de Cuento Humberto Tafur Charry (2002). También obtuvo el reconocimiento del Encuentro Departamental de Cultura del Huila 2025, en el área de literatura con el libro de crónicas sobre la memoria del conflicto, La noche que los extraterrestres sobrevolaron el valle de Laboyos y otros relatos. Actualmente prepara para su publicación el poemario Pensamientos de árboles.